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Slow fashion January 11, 2019

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Moda lenta, una contradicción imprescindible

A finales del siglo XX la moda asociada desde tiempo inmemorial a la artesanía se aceleró, industrializó y mundializó hasta extremos nunca vistos. 

Los sistemas informáticos del punto de venta le dan la información a tiempo real al fabricante multinacional, que rediseña piezas y cambia colores inmediatamente; enviando a la tienda ingentes cantidades de las prendas más demandadas.

Eso provoca unos precios irrisorios y que mucha gente vista igual; pero como la prenda no resulta distintiva del comprador y cuesta tan poco, carece de valor sentimental y de reventa, siendo desechada fácilmente.

A nadie se le escapa que el precio ínfimo tiene un "lado oscuro": pues una gran mayoría de esas compras acaban en vertederos, en tanto que la sobreproducción textil viene provocando un grave daño ecológico (pues producir una sola camiseta de algodón requiere de 1.200 litros de agua). Por ello, el ecologismo internacional viene denunciando la amenaza que implica la moda low cost a la disponibilidad de agua en el Tercer mundo, donde es un bien mucho más escaso que en Occidente.

En todo el mundo se está generando una reacción, que viene a denominarse slow fashion (´moda lenta´). La moda lenta es un movimiento que devuelve el valor a la prenda adquirida. Porque una buena compra no es la más barata sino la que ofrece mejor resultado a lo largo de su vida útil; es la que puede combinarse con alguna otra, adaptándose al conjunto a ´lo que se lleva´ cada temporada. 

Moda lenta son aquellas prendas que no pasan de moda, porque funcionan siempre. Son compras pensadas, porque suelen costar un poco más y porque también valen más. La moda lenta está bien concebida, diseñada y producida; se conserva con más cuidado y se combina con más imaginación. Por ello no resulta irrelevante como para desecharse en unos meses; aunque solo sea por la ingente cantidad de agua empleada para producirla. La moda lenta enfatiza el papel de quien la diseña y produce; un autor que le aporta valor.

 

Todos queremos ser ´especiales´, identificables. Pues lo que llevamos es una muestra de nuestra individualidad; por eso resulta tan molesto ver a tantos otros con las mismas marcas y modelos. Y como el bajo precio y la cantidad han sustituido a la búsqueda paciente de lo que se adapta a mi personalidad, desechamos tantas prendas. El movimiento de la moda lenta recupera aquel célebre lema ´small is beautiful´: la belleza de lo pequeño. Un concepto que aporta cierto romanticismo a nuestras vidas y animándonos a que nos tomemos el tiempo necesario para vestir según nuestra forma de ser; no según lo que nos marquen los gigantes del textil. Por ello, al imperativo de cada periódico cambio de moda, quien tiene auténtica personalidad le contrapone su propio estilo; combinando a su gusto ´sus prendas ´con lo que ´se lleva´.

En resumen, si la esencia de la moda moderna es el cambio periódico y su seguimiento masivo, la moda lenta la contradice con prendas duraderas, que vertebran el armario de la persona y marcan el estilo individual. Por ello la moda personal no es la que cambia de temporada a otra, si no la que evoluciona con las tendencias; es el nuevo estilo que se basa en artículos de moda lenta.

 

Escrito por Margarita Ruyra de Andrade

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